¿Ser o sentir?

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Se  me ha vuelto una costumbre cada vez que frecuento un lugar de adultos tener que presentar identificación para demostrar que tengo la de edad requerida. No voy a negar que en cierto modo resulta halagador tener que discutir la edad que tengo. Pero a veces trato de analizar cuáles son los criterios que utilizan para dudar de cuán adulto o joven se es. Todavía no me queda claro si solo es algo físico o  todo depende de la actitud. Tengo que aceptar que indiscutiblemente vernos jóvenes físicamente siempre será una característica bien agradecida pero, ¿Cómo saber qué define la juventud o la falta de ella?  En vista de que al parecer hasta en el supermercado necesitan corroborar mi edad, llevo días dándole vueltas al tema en mi cabeza y me pregunto: ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE VERSE JOVEN Y SENTIRSE?…

Verse joven para el mundo puede significar  la manera en que nos vestimos, el cuidado de la piel que llevamos, la silueta que tenemos, la manera de arreglarnos, nuestras facciones y en algunos casos tontos la estatura. Si por un momento nos enfocamos en que son éstas características físicas las que definen nuestra juventud tendremos que aceptar que la juventud no solo caduca, sino que lo hace lentamente. ¿Será realmente tan importante una juventud que se va agotando poco a poco al pasar los años? Somos seres humanos de carne y hueso y eso nos hace vulnerables al tiempo, nos obliga a vivir de prisa y bajo estándares limitados. Estándares de apariencias como único fin, que no nos dan sabiduría pero nos quitan libertad. Verse joven es algo que un espejo podría decirnos, algo que un vestido puede resaltar o que un maquillaje puede exponer por un tiempo limitado.  No es más que una etapa que pasará por nuestro cuerpo, sin embargo siempre tiene la opción de quedarse en nuestra alma. Quizás podamos aparentar ser diez años menos o diez años más… ¿Pero seremos capaces de sentirnos así?

Yo soy de las que prefiere pensar que la juventud es algo que puede mirarse en un espejo pero que solo  puede VERSE a través del alma. Reír a menudo por chistes graciosos y también por tonterías de la vida nos hace disfrutar descomunalmente cada segundo de existencia. Tener ilusiones más allá de los fracasos vividos nos hace fuertes y nos mantiene sedientos de nuevas aventuras y descubrimientos. Ser una persona auténtica en cualquier circunstancia es sentirse joven, sin filtros ni apariencias. Ver la vida en colores nos abre las puertas de la imaginación que no tiene límites. Disfrutar lo más mínimo y ser espontáneos nos hace eternos. Verse joven es solo un placer limitado que solo se disfruta si se tiene el alma joven, porque el cuerpo conoce de arrugas, sin embargo el alma se alberga en la autenticidad.  Eso es lo que otros pueden ver en nosotros porque la edad del alma puede reflejarse en nuestra actitud,  en la mirada, la sonrisa, el trato hacia los demás y la sencillez. De esa manera es que  proyectamos en el exterior lo que está sucediendo dentro de nosotros. Muchos insisten en el famoso cliché de la fuente de la juventud sin entender cuan capaces somos de hacer correr el agua desde adentro hacia afuera. Les confieso que no he podido evitar sonreír cada vez que dudan de mi edad, porque me fascina pensar que proyecto la manera en que soy y me siento; un alma joven, sencilla y auténtica, y que de esa manera se note, me enloquece.

 

 

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