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A veces  decimos y hacemos cosas que estan completamente desligadas a quienes somos, lo que sentimos, lo que nos gusta y lo que queremos. Lo peor del caso es que lo hacemos para agradar a otras personas o para establecernos en un estatus social, amoroso o profesional determinado. Sí, aunque parezca prehistórico seguimos viviendo con la idea de que, el que más tiene es mejor persona. La superficialidad no es más que un comportamiento que se adopta cuando  una persona está vacía por dentro y la única forma de sentirse llena es sintiendose superior a los demás; teniendo más y mejores cosas que ellos o aparentando que así es.

La filosofía de muchos es, que si no se tiene lo mejor, al menos hay que aparentarlo. Buscan desesperadamente demostrar que tienen dinero comprando  lujos que presumen ante los demás, sin embargo, al final del mes sólo les alcanza para pagar los gastos de la casa y las deudas que generaron al gastar  un dinero que NO tenían porque simplemente NO lo producen. Le gritan al mundo entero que son más felices que los demás por la forma en que llevan su vida, llena de fiestas, viajes y reemplazando la familia con amistades pasajeras, cuando por dentro se sienten solos, vacíos y sin luz propia.  Presumen que son la persona más enamorada  y que su relación sobrepasa los esquemas de la felicidad, cuando entre ellos no existe complicidad, compromiso, ni siquiera armonía dentro el hogar. Estos comportamientos me hacen pensar que hoy en día la superficialidad sobrepasa el entendimiento de los seres humanos a niveles desconocidos.

«…Porque tener más que los demás y lo mejor, me coloca en un estatus social que me hace mejor persona por «default» que los que tienen poco, después de todo con dinero baila el mono». Oí esto por error en una conversación ajena y, después de un profundo suspiro me quedé pensando… ¿El ser humano vive aún con la idea de TENER que ser mejor que el que está al lado? ¿Por qué viven con la necesidad de competencia por el primer lugar?. Lo preocupante no es lo que ya hoy en día es, sino lo que estamos haciendo para que esto trascienda.

«Tienes que ser la niña más soblesaliente, la mejor de la clase, la más bonita, el primer lugar en todo, la mejor deportista, la mejor en arte, la de mejor cuerpo, mejor cara, mejor sonrisa y la que más le gusta a los nenes».»Ve a la universidad más cara, la de mayor prestigio, estudia lo que te haga ganar más dinero y te de mejor estatus social, cásate con un abogado, médico o alguien importante y con dinero». «Ten hijos hermosos de ojos verdes y pelo lacio, una casa grande con piscina y viaja por todo el mundo».  Por años y años le han inculcado a los niños que así se tiene que vivir la vida para obtener el respeto, la envidia o la admiración de todos, enfocándose  en que sus hijos sean los mejores y en que cumplan este patrón sin importar lo que tengan que hacer o soportar para lograrlo. Porque claro, al ser sus padres » eso los hace ser los mejores a ustedes». Viven tan enfocados en eso que  olvidan prepararlos para los tropiezos , para las desiluciones, para las caídas y los obtáculos que día a día los hará enfrentar la vida. Y cuando ellos se ven en el abismo de un  fallo o de un fracaso se desarman, porque  no cuentan con las herramientas necesarias para entenderlo, soportarlo y sobrepasarlo. Tú no se las diste y ahí es cuando esa frustración se puede tornar peligrosa porque se puede convertir en rabia, impotencia y coraje. Tres causas por las cuales una persona puede convertirse en un criminal.

Estabilidad emocional en vez de protagonismos, quererse a sí mismo tal y como es, reconocer sus talentos y sus debilidades, como también sus defectos y límites. Explicarle que es bueno ganar si se gana sin hacer daño y por mérito propio. Que no siempre se gana y que no es ni una verguenza para ti como padre ni una porqueria de persona por perder, sino que tiene en cada día una nueva oportunidad para intentarlo y hacerlo mejor.  Aprender a ser feliz y a hacer felices a los demás es la herramienta más poderosa que puedes darle a un hijo.

Debo decir que aunque no he criado hijos, fuí criada por unos seres humanos extraodinarios que gracias a Dios no son perfectos y que han cometido errores, gracias a eso aprendí que a veces se falla pero que si uno se cae hay que aprender a levantarse con orgullo y seguir. Me enseñaron que NO todo es color de rosa y que el primer paso para ser feliz con uno mismo es entenderlo. Dejaron dentro de mí  la convicción absoluta de que las mejores herramientas que puedes proveerle a un hijo son: la ternura de un abrazo a los demás y la necesidad de expresar el afecto sentido. Que el tiempo de escuchar a una persona cuando necesita ser escuchado así sea tu hijo y sea tan solo un niño es necesario porque cada persona tiene la capacidad de enseñarte algo. Entender que escuchándo a tus hijos puedes conocer sus sentimientos, sus miedos y sus sueños y ayudarlos. Comprender y disfrutar el valor de las cosas ganados por uno mismo, por ende el amor al trabajo, la diciplina y la dedicación. Tener la disposición absoluta de ayudar a quien lo necesite, porque la compasión y la solidaridad nos hace crecer como seres humanos. Tiempo y dedicación a los problemas, tristezas y frustraciones de los demás porque mi sufrimiento, mi cansancio  y mi dolor no es el único que existe. La compasión por los niños, los ancianos y los animales. La certeza de que el tiempo compartido de calidad vale más que unos zapatos nuevos y que tener lo mejor o lo más caro. La fiel creencia de que la familia vale más que una salida con amistades, que una borrachera de turno o un nuevo amor.

Me dejan ese sabor dulce de amarme a mi misma como soy con mis defectos y virtudes y la capacidad de conocer mis límites. No soy perfecta, he cometido errores pero sé reconocerlos al igual que sé cuales son mis cualidades y mis talentos. No perdamos de perspectiva lo realmente importante, formar hombres y mujeres auténticos. Sueño con que éstas palabras hoy puedan hacer la diferencia en tí que me estas leyendo, no se debe dejar de soñar y de aprovechar cada día para ser mejor que ayer. Eso me enseñan mis padres día a día y sin duda alguna eso les enseñaré a mis hijos.

Megy Cuesta Mella

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